Imprenta en el Nuevo Mundo

MEMORIA E HISTORIA EDITORIAL
El Boletín Editores comparte con sus lectores textos históricos de relevancia para la industria editorial mexicana. Mensualmente publicaremos en esta sección Memoria e historia editorial artículos publicados en su momento en la revista Libros de México, editada por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana.

Establecimiento de la imprenta en el Nuevo Mundo
Margarita Bosque Lastra*

La primera imprenta del continente americano se estableció en 1539 en la ciudad de México, capital de la Nueva España, a escasos años de la conquista de Tenochtitlan. Este importante invento producto de la técnica renacentista fue utilizado como respuesta a la necesidad de contar con un instrumento eficaz para el gobierno civil y la evangelización de los naturales.

El conocimiento de la historia de la producción de la imprenta en México nos ayuda, en parte, a entender y comprender el fenómeno de la imposición de los valores hispánicos sobre la población indígena y el de la transculturación europea, lo que explica el proceso formativo de nuestra cultura.

Aunque en un documento del cabildo de la ciudad de México se registra a un Esteban Martín como “imprimidor”, avecindado en ésta desde 1534, no existe testimonio posterior que nos permita considerarlo como tal. Sin embargo, algunos estudiosos del tema no excluyen la posibilidad de que Esteban Martín se haya dedicado a imprimir, mediante técnicas rudimentarias, estampas religiosas que utilizaron los misioneros al inicio de su tarea evangelizadora. Pero corresponde a Juan Pablos el honor de ser el primero en contar con un taller formal para ejercer el oficio de impresor en el Nuevo Mundo.

Juan Pablos, natural de Brescia, Italia, estableció la primera imprenta en la ciudad de México con un oficial, Gil Barbero, y un ayudante, en la esquina de las actuales calles de Moneda y Lic. Verdad, en un local hoy conocido como “casa de las campañas”. Llegaba como representante de Juan Cromberger, impresor alemán radicado en Sevilla.

Cromberger había obtenido el privilegio y la merced del emperador Carlos V de ser el único autorizado para imprimir y vender libros en estas tierras. El contrato celebrado entre ambos establecía, entre otras cosas, que las ediciones salidas de las prensas de la Nueva España ostentarían la leyenda “FUE IMPRESO EN LA CIUDAD DE MÉXICO, EN LA CASA DE JUAN CROMBERGER”. El convenio de trabajo duraría diez años, lo que explica la ausencia del nombre de Juan Pablos en las primeras ediciones mexicanas. Sólo hasta 1546, ya muerto Cromberger (1540), tras varias gestiones puede Juan Pablos estampar su nombre en los libros que edita.

Este interesante documento se conserva en Sevilla en el Archivo Notarial, protocolo de Alonso de la Barrera, oficio 1, libro 1, del año 1539, folio 1069. Se encuentra incluido en la Biografía Mexicana del Siglo XVI de Joaquín García Icazbalceta, editada y anotada por Agustín Millares Carlo y publicada por el Fondo de Cultura Económica en su colección Biblioteca Americana en 1954. Presentamos una versión libre del documento para su mejor comprensión.

Como puede observarse, este contrato era ventajoso para Juan Cromberger. Juan Pablos cargaba con la peor parte, ya que su taller trabajaría con una sucursal del sevillano y no se le daría crédito a su trabajo. Sólo obtendría el 20% de las ganancias obtenidas en los diez años y se haría merecedor a duras penas en caso de incumplimiento o fracaso. Juan Pablos acepta mudarse de domicilio y trasladarse a un medio desconocido. Se aventuraba en una empresa novedosa y comprometía los servicios de su esposa. Haría frente también a las adversidades y obstáculos que se le presentaran.

Juan Pablos logró vencer tantas dificultades y alcanzó el éxito en su empresa, fundando el primer taller de imprenta del Nuevo Mundo.

El contrato entre Juan Pablos y Juan Cromberger

Sevilla, 12 de junio de 1539

En el nombre de Dios, así sea. Conozcan todos esta carta donde se señala cómo yo, Juan Pablos, componedor de letras de molde, marido de Gerónima Gutiérrez, vecino de esta muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, avecindado en el barrio de San Isidro, convengo y reconozco que hago pacto y compromiso libremente con vos, Juan Cromberger, impresor, vecino también de esta ciudad de Sevilla en el barrio de San Isidro, quien os encontráis presente, de tal forma que yo me comprometo y obligo a ir a la Ciudad de México de la Nueva España del Mar Océano con mi mujer y a estar dispuesto de inmediato para realizar el viaje a partir de la firma de este contrato y a permanecer ahí por lo menos diez años a vuestro servicio para lo que vos mandases, con el propósito de establecer un taller de imprenta de acuerdo con las siguientes condiciones:

Primeramente, con la condición que durante esos diez años me obligo y comprometo a componer letras en dicha ciudad de México y a realizar los trabajos que acostumbro hacer según lo propio de los componedores de vuestro taller de esta ciudad de Sevilla. También me comprometo a trabajar fiel y diligentemente en forma continua sin que por mi culpa falte cosa alguna. Y si alguna cosa faltase por ocio o negligencia de mi parte y la prensa se dañase o se parase me veré obligado a pagar y retribuir el daño causado.

Asimismo, me obligo a administrar y cuidar la prensa y a procurar los materiales. Daré las órdenes necesarias y buscaré la gente que fuese menester para que me ayude, y dispondré de todo para que la prensa no pare y trabaje con orden y concierto como la vuestra de Sevilla, haciendo la tarea de tres mil pliegos diarios como se hacen en vuestro taller. Y si por mi culpa o negligencia alguna cosa se perdiera yo me obligo a pagar el doble de su importe y a aceptar la pena que me impusieseis, y quedáis vos libre para rescindir el contrato.

Asimismo, estoy de acuerdo con la condición de que vos, Juan Cromberger, quedéis obligado, de acuerdo a las demandas de materiales que yo solicite con un año de antelación, a enviarme papel, tinta, letras y todos los aparejos necesarios para la impresión. Si yo no realizase la solicitud de material en el tiempo convenido y por ello la imprenta se parase, pagaré el doble del daño y me comprometo a aceptar la pena que me impusiese. Mas si la culpa fuese vuestra y no me enviáseis los materiales solicitados, vos Juan Cromberger, me pagaréis el doble de los daños causados.

Asimismo, me comprometo a tener en el taller de la Ciudad de México, durante diez años y a costa del capital, a un hombre, señalado por vos, el cual podrá ser removido a vuestra voluntad y al cual obedeceré en lo que fuere justo conforme a mis obligaciones en el arte de imprimir.

Y si no lo hiciere o cumpliese me obligo a perder cien ducados de los que me corresponden del capital, y si vos lo juzgaseis conveniente podréis quitarme de la sociedad.

Asimismo, que yo, Juan Pablos, digo y declaro que es verdad que de este capital que yo administro ni mi mujer ni yo hemos aportado ningún dinero, ni llevamos otra cosa que nuestros vestidos. Por lo tanto, los instrumentos, el papel, la tinta y todo los demás es vuestro, pues vos los habéis comprado con vuestro dinero y también vos costearéis el viaje, de manera que todo el importe de los gastos hechos hasta ahora y lo que se gaste en adelante ha sido y será cubiertos por vos, ya que yo no cuento con nada.

Asimismo, yo, Juan Pablos, me obligo a vender bien y fielmente todo lo que se imprimiere, y a poner en ello todos los esfuerzos y trabajos que fuesen necesarios, y a no vender a ninguna persona nada fiado. Y si esto hiciese sería bajo mi cuenta y riesgo.

Asimismo, me obligo a tener una caja con dos llaves, una para mi uso y la otra para la persona que vos designéis. En esta caja se depositará todo el dinero de las ventas. De los gastos que de esta caja se hicieren se llevará registro, por mí o por la persona designada por vos. Mas si no hubiera otro yo me obligo a llevar la contabilidad.

Asimismo, me obligo a que, cuando se hayan acumulado cien castellanos de oro o su valor, los enviare en la primera nao que partiese del puerto de la Nueva España que venga a estos reinos de Castilla, registrados en el registro del Rey y consignados a vos a riesgo del capital.

Asimismo, acepto la condición de que de las ganancias nos mantengamos mi mujer y yo, la persona señalada por vos, y la gente al servicio del taller.

Asimismo, que yo, Juan Pablos, con la persona señalada por vos o únicamente yo, me obligo a enviar en cada nao que de allá partiere una memoria en la que se haga relación de todo lo que se hubiese impreso, su cantidad y sus ventas. También me obligo a tener libros y cuentas de todo lo que se vendiese, recibiese o gastase, tanto en sueldos de oficiales como en comer y beber, y de los otros gastos ordinarios del taller. Y me obligo a enviar cada seis meses, en forma clara y específica, relación de todo ello, con la cuenta de gastos, ventas y precios y de lo que quede sin vender, para que se pueda ver lo que hasta el día de dicho envío se hubiese ganado y qué es lo que se está haciendo, así como el estado del capital. Esto será enviado en tres traslados en tres naos para que llegue a vuestro poder.

Asimismo, que mi mujer Gerónima Gutiérrez se obliga a regir y servir en el taller en lo que fuera necesario, sin sueldo alguno ni otra cosa, salvo su mantenimiento.

Asimismo, que de todo lo que Dios permita ganar durante los diez años en la Ciudad de México será sacado primeramente todo lo que vos, Juan Cromberger, habéis invertido en la empresa, tanto en lo que ahora llevo como en lo que después me enviéis, y todo lo que se hubiese registrado en sueldos, mantenimiento, fletes, instrumentos y alquiler de casa, así como cualquier pérdida, lo que Dios no quiera. Y de lo que quedase, vos, Juan Cromberger, me daréis a mí por mi trabajo y por mi industria y por el servicio hecho por mi mujer una quinta parte de las ganancias, y las otras cuatro quintas partes quedarán para vos.

Asimismo, acepto la condición de que de la quinta parte de las ganancias que me corresponde no pueda sacar ni saque cosa alguna hasta cumplidos los diez años y yo haya regresado a España y haya dado cuentas claras y entregado a vos, Juan Cromberger, todo sin retener cosa alguna, excepto lo que necesitara para los gastos de mi mujer y de mi persona fuera del mantenimiento, todo lo cual ha de ser a costa del capital como se ha establecido.

Asimismo, que todo lo que ganase en el lapso de diez años, tanto en el arte de imprimir como en cualquier otra cosa, así como cualquier merced que me sea hecha o cualquier provecho que obtuviese de cualquier forma, se sumará al capital para que de ello obtengáis cuatro quintas partes.

Asimismo, que los costos de los envíos de papel, tinta y otros aparejos necesarios para el arte de imprimir serán aceptados por mí sin duda.

Asimismo, me comprometo a que cualquier libro u otro impreso en la ciudad de México se harán con licencia del obispo de México, conforme a los mandatos de estos reinos, y que en cada libro deberá aparecer la leyenda “fue impreso en la ciudad de México, en la casa de Juan Cromberger”, y yo, Juan Pablos, no pondré mi nombre ni el de ninguna otra persona.

Asimismo yo, Juan Pablos, me comprometo a que durante el tiempo estipulado de diez años no podré asociarme con ninguna persona para establecer un taller de imprenta u otra negociación, ni tampoco podré asesorar para fines similares.

Asimismo, me comprometo a que, cuando vos, Juan Cromberger, lo demandéis, yo dé cuenta y razón a la persona o personas que vos señaléis en Sevilla bajo la pena señalada.

Asimismo, me obligo a fundir y vender el metal de las letras de estaño que ahora llevo cuando éstas sean inservibles. Por lo tanto no puedo dar ni vender ninguna de ellas, así como ninguna cosa utilizada en el arte de imprimir, bajo la pena que en este contrato se consigna.

Asimismo, al término de diez años, me comprometo a entregar a vos, o a quien vos dispusiereis, la prensa, las letras y todos los aparejos en mi haber y que vos estaréis obligado a recibir al precio a que fuesen valuados de acuerdo con su uso y deterioro.

Asimismo, acepto que si en el lapso de los diez años señalados, vos, Juan Cromberger, me enviases algunas mercaderías o libros para vender, me comprometo a venderlos al contado sin fiar ninguna cosa y a enviar el importe registrado en el registro del Rey, en la primera nao que partiese después de la venta, sin llevar por ello factoraje ni otra cosa.

Asimismo, que todas las cosas que yo os solicitare para vestidos míos o de mi mujer me las enviaréis al precio sin intereses.

De esta manera otorgo y prometo y me obligo ante vos a decir verdad y no cometer fraude, engaño ni encubierta alguna, a daros buena cuenta, cierta, leal y verdadera, sin arte y sin engaño y sin colusión alguna y a cumplir y guardar todo lo susodicho… Hecha la carta en Sevilla, en el oficio de Alfonso de la Barrera, escribano público, jueves, doce días del mes de junio, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil quinientos treinta y nueve. Testigos que estuvieron presentes: Diego Felipe Farfán y Pedro de Yrigoyen, escribanos de Sevilla.

*Texto publicado en la revista Libros de México, Número 1, Octubre-Diciembre 1985.