El poeta Miguel León-Portilla dijo que cuando una lengua muere, la humanidad se empobrece. La preservación de cualquier lengua otorga una lente más con la cual visualizar el mundo y comprenderlo. Las lenguas llevan en sí mismas una cosmovisión única que sólo puede ser comprendida a través de ellas. Este año, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con Portugal como país Invitado de Honor, recibió a Francisco Antonio León Cuervo, ganador del Premio en Lenguas Indígenas 2018, en su sexta edición, quien se vio acompañado en el presidio por Juan Gregorio, Gabriel Martínez González, Gerardo Alberto Mejía, Héctor Raúl Solís, Manuel Sandoval, María del Pilar Rico, Ignacio Bonill y Gabriel Pacheco. La obra ganadora de este año, titulada El eterno retorno, es "una novela que retrata de manera divertida sucesos trágicos contemporáneos", describió Gabriel Pacheco Salvador, quien en representación del jurado, compartió algunas palabras en torno a la obra ganadora.
Para Juan Gregorio, "la literatura indígena ha dado muestra de su gran calidad, de su amor a la naturaleza, de su amor a la vida, y a la muerte". Muchas de las lenguas indígenas, señaló, no han sobrevivido al paso del tiempo. Entre las que se abren paso y continúan presentes se expresan no de forma escrita, pero a partir de la oralidad, característica muchas veces de poesía chamánica vinculada con lo sagrado, con la naturaleza y con los dioses. "Celebramos que el Premio esté generando nuevos rostros, nuevas plumas, nuevas lenguas".
"En el pensar indígena aflora la vida", expresó Gabriel Pacheco Salvador, quien aprovechó la ocasión para hacer mención de una virtud característica de los escritores en lengua indígena, pues antes de entregarse a la labor creativa, primero son empleados. Mantener el equilibrio entre la vida del mundo material y la vida del mundo creativo se ve, además, reforzado por el hecho de que la mayoría escribe en dos lenguas: primero en su lengua materna y posteriormente deben traducir su propia obra. "Este doble esfuerzo y talento es el que reconoce el Premio", afirmó.
Francisco Antonio León Cuervo saludó a los presentes en su lengua materna: el mazahua. "Buenas tardes. Mi corazón se alegra de estar hoy con ustedes", expresó. Para él, la escritura es el mejor instrumento para preservar la memoria de las culturas indígenas. En su discurso de aceptación del Premio, admitió considerarse afortunado de vivir entre montañas, donde la tradición oral es un mundo fantástico. Propenso a reír y adicto a soñar, su obra está plagada de forma inconsciente en historias de familia y de héroes que le gustaba pensar existían en las montañas.
Respecto a su infancia, recordó la felicidad que le producía leer, aunque aprendió a memorizar antes que a leer bien. Consideró que a los mazahuas les corresponde rehacer su historia, para lo cual una buena vía es la escritura. “La poesía y la narrativa han sido el camino más hermoso que he podido recorrer en la vida”. Ferviente creyente de que todas las personas tienen en su interior una historia digna de ser contada, para Francisco Antonio León Cuerno la literatura es incorruptible y pertenece a cada lector. Sus historias, plagadas de tragicomedia, las considera más acertadas a pensar en un “para siempre”, pues esto es mucho tiempo, y el tiempo, afirma él, es relativo. Con la experiencia de quien lleva la mitad de su vida escribiendo, lo hace aún pensando en sí mismo y siempre en él, puesto que, una vez entregado, el texto no es suyo sino de cada lector.
* Con información de fil.com.mx/