El Booker, el galardón literario más prestigioso en lengua inglesa, dotado con 55,000 euros, recayó el año pasado de manera conjunta en dos mujeres, Margaret Atwood y Bernardine Evaristo. La lista de finalistas de este año había sido un esfuerzo por ampliar el abanico de diversidad al que aspiran los organizadores. Junto a Stuart, competían una estadounidense, Diane Cook; otra mujer nacida en Estados Unidos pero de origen indio, Avni Doshi; la escritora y activista de Zimbabwe Tsitsi Dangarembga; la etíope Maaza Mengiste y el estadounidense de raza negra Brandon Taylor.
Shuggie Bain, del escritor escocés Douglas Stuart, que en España publicará la editorial Sexto Piso, es la declaración de amor de un hijo homosexual a la madre que lucha hasta el final por mantener su dignidad en medio de la desoladora pobreza provocada por el “thatcherismo”. Glasgow contempla el cierre de su industria minera, y Agnes, abandonada por su marido y responsable del cuidado de tres hijos, solo es capaz de encontrar en el alcohol un remedo de la vida mejor con la que soñó de joven. El libro será editado en español por el sello Sexto Piso.
 
“Solemos perdonar a los hombres cuando sufren, pero tendemos a juzgar severamente a las mujeres que sufren o que acaban derrotadas. Muchas mujeres se estaban desintegrando en esa época, cuando el mundo en el que habían depositado toda su confianza —un matrimonio, unos hijos, un marido que se encargara de construir con ellas un hermoso hogar— se estaba derrumbando”, ha explicado Stuart, que ha escrito una bella novela profundamente autobiográfica. Homosexual y de Glasgow, una ciudad dura y tierna a la vez. Es el relato de dos personas ajenas al mundo que les rodea que se aferran uno a otro “con el amor indestructible que solo un niño puede ofrecer a una madre dañada”, ha dicho el jurado.
El jurado del premio reúne a un reducido grupo de editores, críticos literarios, escritores y académicos que este año han tenido que leer más de 160 libros en la soledad del confinamiento. En muchos casos, ante la pantalla del ordenador porque las restricciones y el distanciamiento social impuestos durante gran parte del año hacían casi imposible la distribución física de las obras aspirantes. “Y eso hizo que no nos influyeran multitud de factores como la publicidad exterior o el diseño mismo de la cubierta de los libros. Nos concentramos únicamente en las palabras, en los textos, en las historias mismas. Fue una experiencia muy interesante”, ha explicado Margaret Busby, presidenta del jurado y pionera —por mujer, y por su raza negra— en el mundo de la publicación editorial en el Reino Unido.
 
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