La Ley de Fomento para la Lectura y el Libro se apresta a ser reformada. Para algunos, una estrategia para hacerla funcionar mejor; para otros, apenas el primer paso necesario para que deje de ser "letra muerta".
La reforma, propuesta por la senadora Susana Harp, ya fue aprobada en la Comisión de Cultura de la Cámara alta. De palomearse también en la Comisión de Estudios Legislativos, estará lista para su votación en el Pleno en el próximo periodo ordinario de sesiones.
En el núcleo del cambio, se encuentra una de las medidas más polémicas del texto, el precio único, cuya eficacia, cumplimiento y exigibilidad han sido duramente cuestionados por actores de la industria.
Actualmente, esta medida se refiere al precio que una editorial determinada establece para cada uno de sus títulos, mismo que debe ser respetado por todos los puntos de venta, sean librerías o no, durante 18 meses.
La reforma de Harp busca que este plazo se amplíe a 36, como una forma de que esta regulación, por fin, cumpla con lo que se propuso inicialmente.
"(Buscamos) que el libro se encuentre a nivel nacional de manera pareja y que no sean tan pocos meses, porque nada más sería un año y medio, y después se liberaría el precio. Queremos que haya más equidad y que dure más tiempo", justifica la senadora morenista, presidenta de la Comisión de Cultura.
En la teoría, el precio único pretende poner el piso parejo para que tanto las grandes cadenas del libro y tiendas como Costco o Sanborns, así como las pequeñas librerías independientes, compitan en igualdad de circunstancias durante ese tiempo, sin descuentos o remates desventajosos.
En la práctica, algunos puntos de venta, sobre todo aquellos cuyas ganancias no dependen exclusivamente de la venta de libros, han infringido esta ley, sin consecuencias, creando así una disparidad en la competencia.
Para Harp, quien se reunió con diversos actores de la cadena, existe un consenso suficiente sobre la medida de ampliar el plazo.
"Los libreros, los escritores, los editores están de acuerdo. Habrá un par de personas que creen que no va a beneficiar, pero el resto está a favor", declara.
La Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), organismo que pugnó desde el inicio por su instauración, considera que la ampliación a 36 meses funcionará adecuadamente.
"(Se busca) que realmente permee la ley, que realmente tengan chance los libros de mantenerse en el mercado", dice el presidente del organismo Juan Luis Arzoz.
Tanto Arzoz como Harp sostienen que hay una confusión imperante sobre el precio único, pues se piensa que éste debe quedarse fijo durante los 18 meses que establece la ley.
"El precio único no es que tú saques un libro que tenga que durar 18 meses el precio y no puedas hacer nada; tú, como editor, puedes cambiar el precio el día siguiente (de su lanzamiento)", clarifica Arzoz. "No tienes que esperar 18 meses para cambiarlo. La única condición es que sea para todos".
Algunas editoriales, sobre todo las independientes, sin embargo, están actualmente inconformes con la forma en la que el precio único ha sido aplicado.
"Creo que no es una ley que sea funcional, porque hay librerías que cumplen con no dar descuento, y hay quienes no, y eso evidentemente genera un conflicto de mercado", opina al respecto Guillermo Quijas, director de la editorial Almadía.
"Para editoriales como Almadía, que no tienen tanta presencia como los grandes grupos, también es complicado competir, porque entonces el precio se vuelve un tema significativo para las cadenas, y eso de alguna manera nos obliga a dar descuentos muy altos a las librerías para que ellos puedan, a su vez, ofrecer descuentos altos", ahonda.
Arzoz también defiende la medida con respecto a los vendedores de libros.
"Las librerías lo piden, lo solicitan a gritos", detalla. "Es una necesidad de piso parejo".
Un sector de las librerías del país, no obstante, explica que el precio único no sólo no ha resultado efectivo, sino hasta perjudicial para su operación.
"Es una solución que parece buena, pero que, si se ve al fondo del manejo de las librerías y de las diferentísimas peculiaridades y necesidades y diferencias operacionales que tenemos cada una, pues resulta un poco inapropiada", opina al respecto Selva Hernández, de La Increíble Librería.
En su establecimiento, el precio único que dictan las editoriales se sigue puntualmente. No obstante, éste llega a representar un problema para las librerías independientes.
A decir suyo, las grandes editoriales transnacionales condicionan la comercialización de algunos libros a la compra en firme de numerosos ejemplares que, a la postre, resultan invendibles por la cantidad. La falta de libertad para ofertarlos o rematarlos representa un problema para las librerías pequeñas.
"Desde mi punto de vista, que también es muy personal, es indiferente; da igual", dice sobre la ampliación del plazo a 36 meses.
"Entiendo que hay problemas que serían mucho más fáciles de solucionar con políticas mucho más acertadas, en lugar de hacer nada más una reproducción de algo que funciona en países como Noruega, Alemania, donde el consumo de libros es bastante alto", concluye.
Hernández, con tres establecimientos en la Capital, forma parte de la Red de Librerías Independientes (Reli), una iniciativa organizada desde Xalapa por Claudia Bautista, propietaria de la librería Hyperion.
Según explica la veracruzana, el precio único no ha servido para las librerías en el interior de la República, como ha podido constatar a partir de la conformación de la red, que agrupa a 50 establecimientos.
"El precio único, por sí mismo, nada más como está ahorita, de 18 meses, no tiene ningún impacto real en la permanencia de las librerías pequeñas y, sobre todo, remarco, de provincia", declara Bautista. "No se ha protegido la existencia de las librerías. Aquí en Xalapa han cerrado varias y, realmente, ha sido letra muerta".
De acuerdo con su experiencia personal, el precio único no funciona en el interior de la República porque los costos de transportación de los ejemplares hace inviable tener ganancias.
"La paquetería es uno de los grandes talones de Aquiles de las librerías de provincia, porque nosotros pagamos el flete. Imagínate uno que tenga que pagarse hasta Tijuana o hasta Yucatán y, además, el libro no lo puedes dar más caro. Entonces uno tiene que absorber el flete", explica Bautista.
Una preocupación común de los libreros, explica, es que no existe un ente que vigile el cumplimiento de la ley y sancione a quienes la infringen.
Para dar solución a esto, la reforma propuesta por Harp, a diferencia de como está en el texto actual, nombra a la Profeco como la dependencia que habrá de encargarse de ello.
Tanto Bautista como Quijas, desde sus espacios en la cadena del libro, sí consideran que es un buen inicio ampliar el plazo a 36 meses, aunque no es suficiente.
"Es un primer paso", concede la librera. "Es poner el piso parejo, para que ninguna esté más arriba de la otra, pero, por sí misma, es inútil, se tiene que poner esa ley del precio único junto con otras políticas públicas que puedan reforzar la existencia de las librerías y puedan promover la lectura y generar más lectores".
En esto coinciden tanto los libreros como la CANIEM, quienes se han pronunciado reiteradamente por que toda la cadena del libro tenga un régimen fiscal de tasa cero.
"Lo que nosotros como CANIEM pedimos es que sea tasa cero también para el libro, no para los editores, sino para el libro: que las librerías también tengan tasa cero, que los distribuidores también tengan tasa cero, para que sea parejito para todo mundo", explica Arzoz.
Actualmente, una iniciativa al respecto se trabaja desde la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados.
Además de la ampliación de los 36 meses y el involucramiento explícito de la Profeco, la iniciativa también da el primer paso para considerar y regular los libros electrónicos, que ya son mencionados como tal en su articulado.
A la espera de su aprobación, la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro buscará ponerse a prueba para ver si, por fin, ofrece las condiciones de equidad que promete.
* Con información de Francisco Morales V. / Agencia Reforma / zocalo.com.mx