Innovación y competitividad

En el demandante entorno de los negocios, que no gratuitamente muchos analistas y estudiosos lo asemejan a una jungla, sólo sobrevive el que mejor preparado esté para enfrentar a sus competidores.
Crear las condiciones para que la empresa adquiera una ventaja competitiva es la responsabilidad más apremiante de la alta dirección. Su obligación es echar mano de cuantos recursos disponga, paradójicamente uno de los recursos menos aprovechados es la creatividad y conocimiento de la gente que integra a la organización. La ecuación que incluye esas variables da como resultado la innovación, ésta es sin duda una de las herramientas que mayor efecto puede tener en el desempeño de las empresas.

Desde la primera mitad del siglo pasado, Schumpeter (1944) planteaba en su obra ya clásica Teoría del desenvolvimiento económico que, los cambios en los productos o en los modos de producirlos constituían el motor fundamental de la transformación de la economía y por ende de la sociedad. A estos cambios los denominó innovación.

La innovación ha sido contemplada como un factor con alta influencia en los ciclos económicos, a estos últimos, algunos autores los explican como el desacoplamiento que se da entre las dos esferas constituyentes del macrosistema económico-social, la tecno-económica y la socio-institucional. La primera tiene que ver con los cambios en la tecnología y la economía, la segunda con la evolución de la sociedad y sus instituciones. Cuando las dos esferas se acoplan se da lo que se llama prosperidad. Se ha planteado que cada revolución tecnológica, entendida ésta como un cambio brusco del estado de la tecnología, genera modelos o paradigmas que guían el cambio institucional necesario para aprovechar el nuevo potencial tecno-económico.

Las nuevas tecnologías; internet, inteligencia artificial, robótica, etcétera, han transformado las condiciones de operación y competencia de las industrias dotándolas de un nuevo paradigma tecno-productivo en el que la organización flexible y la capacidad de innovación constituyen los fundamentos de la competitividad y en la capacidad y necesidad que tiene la misma organización de aprender. Este aprendizaje se realiza de manera importante mediante la formación profesional conformada por cursos, seminarios y en general mecanismos de transferencia del conocimiento.
 
Por otra parte, es difícil encontrar una definición formal de competitividad, los análisis de diferentes autores permiten proponer la siguiente:
“Competitividad es el talento de una organización para desarrollar ventajas sostenibles a partir de sus recursos, capacidades y competencias que permiten mantener e incluso incrementar su participación en el mercado y sus resultados financieros, que serán superiores al promedio de la industria en la que la empresa participa”.

Michael Porter el importante estudioso del tema de la competitividad hace varias reflexiones dignas de tomar en cuenta, desde su punto de vista la ventaja competitiva nace de muchas actividades discretas que ejecuta la empresa al diseñar, fabricar, comercializar, entregar y apoyar su producto, dando lugar a tres tipos de ventajas: de costo, de enfoque y de diferenciación. Con frecuencia alcanzar alguna de estas ventajas se deriva de un proceso de innovación cuyo resultado es aplicado a la operación de la empresa.

Generar novedosos mecanismos de producción, de flujo de trabajo, de estructura en la organización o de formas de relacionarse con el mercado conducirán a estimular, en la empresa, el desarrollo de ese feliz binomio innovación-competitividad.

Alejandro Ramírez Flores, director general de la CANIEM