La Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) pedirá a los integrantes de la próxima legislatura que se retomen los trabajos para mejorar el funcionamiento de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, impulsar el IVA tasa cero a librerías, y apoyar el proyecto Efilectura que implicaría la existencia de vales de lectura para jóvenes.
 
Así lo dijo a Excélsior Carlos Anaya Rosique, presidente de la Cámara, quien añadió que se buscará un esquema tripartita para abrir nuevas librerías en México y que la distribución de libros gratuitos se realice por medio de librerías para establecer un primer contacto entre los niños y estos espacios.
 
"Hemos dicho que el libro de texto gratuito es una de las grandes conquistas de este país y debe seguir existiendo, pero lo que plantamos es que éste debe tener dos características: ser plural, es decir, que no exista un libro de texto único, y que dichos ejemplares se distribuyan a través de las librerías". ¿Y qué pasa con las regiones donde no hay librerías?, se le cuestionó. “Deben ser construidas, lo necesitamos. Sería una manera de llevar a jóvenes y niños a esos espacios. El libro de texto es extraordinario, pero los niños lo reciben en su mesabanco y no tienen ninguna razón para ir a una librería”.
 
Otro tema importante es la tasa cero a librerías. “Es un elemento fundamental que debe ir ligado a otras iniciativas de ley, como el desarrollo y la obligatoriedad del fomento de librerías por parte del sector público, pero no de librerías públicas, sino en un proyecto que involucre a la sociedad civil, iniciativa privada y Estado”.
 
Sin embargo, añadió, “el elemento básico es que se reconozca la lectura y el libro como esenciales para el desarrollo de la nación. Porque un país que no lee y que no adquiere libros... es un país que está condenado a repetir su historia, a ir a ciegas. Es fundamental que el nuevo gobierno reconozca la importancia estratégica de la industria editorial como una industria cultural que participa en el desarrollo del país”.
 
Por ahora, en este periodo de transición, se afinarán las propuestas con los representantes del virtual ganador de la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, pues la industria editorial también tiene un peso específico en la educación y en las finanzas. Al respecto, Milenio Diario resaltó el acercamiento con Alejandra Frausto, quien ha sido propuesta como secretaria de Cultura del próximo gobierno.
 
"A ella le parecieron interesantes nuestras propuestas", recordó el representante de los editores privados, Carlos Anaya Rosique, quien añadió: "Donde sí se comprometió de manera explícita —lo demás queda siempre implícito— fue al respeto irrestricto de los derechos de autor. Hablamos de la legalidad y eso es muy importante para nosotros como editores", debido a que la piratería ha afectado mucho a los músicos, pero también a creadores de otras manifestaciones artísticas y culturales. En la industria editorial es muy grave hablar de que dos de cada 10 libros son piratas.
 
"Insisto en el tema de las librerías: la piratería va a estar en todos los espacios donde no estemos porque no tenemos estructuras que nos permitan distribuir y comercializar. Los piratas sí porque no les cuesta nada: sus costos son muy bajos, no pagan derechos de autor, se roban el papel. A veces no son libros pirata, sino robados", explica Anaya Rosique.
 
Si se publican 277 millones de ejemplares al año, alrededor de 54 millones son ejemplares pirata; si se habla sólo de los libros que llegan al mercado, unos 98 millones, se trata de 19 millones de volúmenes pirata, sin mencionar problemas como la reprografía o el robo de publicaciones a mayor escala.
 
Una de los principales retos es la descentralización de la cultura, para que las manifestaciones artísticas se conviertan en polos de desarrollo, "no se trata sólo de que se haga cultura en todas las comunidades y en todos los estados, sino que los presupuestos estén en las regiones. El gasto centralizado se va a los sectores privilegiados, por lo cual es necesario contar con funcionarios que tengan muy claro lo que es la acción cultural", enfatizó el representante de los editores privados.
 
Y agregó: "El diálogo con la futura secretaria de Cultura nos permitiría que, a partir del primero de septiembre, cuando tomen posesión los diputados y senadores, se empiece a empujar la agenda de la cultura en el Legislativo". Uno de los llamados que hace el editor es que la lectura y el libro sean reconocidos como elementos básicos para el progreso de la nación, convencido de que, si no los hay, tampoco hay posibilidades de desarrollo.
 
Finalmente, el diario La Crónica de Hoy destacó la relevancia que tiene exponer las ideas de los editores a los futuros encargados de cuatro secretarías federales ─Cultura, Educación Pública, Economía y Hacienda y Crédito Público─ porque, a decir de Anaya Rosique: "podemos hacer mucho nosotros y las otras dependencias, pero si no hay recursos suficientes para proyectos, para los creadores, para construcción, para la promoción de bibliotecas y para que éstas tengan los libros que requieren, no serán verdaderos polos de desarrollo cultural. Necesitamos el presupuesto y Hacienda necesita estar involucrada".
 
El trabajo con la Secretaría de Economía, dijo, estará en el reconocimiento del sector editorial como una industria cultural, y con la SEP, en proponer que los proyectos de la dependencia no se queden sólo a nivel de alfabetización, "sino en la construcción de ciudadanía porque ese es el objetivo de la educación básica".
 
—¿Qué pasaría si la SEP propone un programa de libros electrónicos?— El último proyecto de la SEP fue de lectura para niños de preescolar. El libro electrónico no entra en las lecturas de infantes, en un momento ya se hizo en México la idea de Enciclomedia y de entregarles tablets a los alumnos, pero el tema es la construcción verdadera del pensamiento y eso será a partir de contacto con elementos más allá de un dispositivo.
 
Por otra parte, el presidente de la CANIEM comentó que se debe trabajar en la promoción de las lenguas originarias y en cambiar el nombre de la Secretaría de Cultura por el de Secretaría de las Culturas, en reconocimiento de las 68 lenguas originarias que existen en el país.
 
El otro reto, dijo, es la promoción de los libros en lenguas indígenas. "Si con los libros publicados en español tenemos problemas para la comercialización, con los libros en lenguas indígenas la situación es más grave. Somos uno de los países con mayor variedad de lenguas y el esfuerzo debe ser no sólo para que se preserven como elemento antropológico, sino como la raíz de las distintas culturas del país".
 
La visión que debería existir alrededor de las lenguas indígenas, añadió Anaya Rosique, no sólo es de distribución, sino de reconocimiento del lenguaje, de las 364 variantes que hacen difícil tener una escritura común en el país.
 
* Con información de entrevistas realizadas al Sr. Carlos Anaya Rosique y publicadas por los periódicos Excélsior, Milenio Diario y La Crónica de Hoy