Esto pasa: hay grandes que leen libros para chicos porque aman esos libros, porque no les importa el diseño colorido ni la edad de lector sugerida. Porque allí encuentran excelentes historias y belleza estilística. Y porque de pronto, también, encuentran la obra que necesitan.
¿Hay adultos que leen, por placer, libros para chicos? ¿Y no una vez sino en forma cotidiana? Los hay, y son muchos. Más desde la eterna cuarentena. Adultos que deben estar al lado de sus hijos durante el momento de conexión escolar, ahora leen junto a ellos y lo disfrutan. La Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) es literatura, y hay muy buena. Aunque es cierto que no todos se hacen lectores de LIJ así nomás. En la cofradía hay mayoría de docentes, bibliotecarios, escritores, libreros. Y ahora muchos padres y madres, claro. Como sucede con los gustos adquiridos, se empieza leyendo libros para chicos porque había que hacerlo y, una vez descubierto el territorio, se decide levantar choza y quedarse a vivir allí.
 
Gimena Reche (33), bibliotecaria, cuenta: “Desde hace unos años los libros de LIJ me atraen más que los libros para adultos. Siempre que se trate de un libro de calidad la lectura termina generándome ese pinchazo o punctum del que hablaba Roland Barthes. Encuentro que estas obras tienen un compromiso muy fuerte con el lenguaje sin por ello descuidar el carácter estético. Y son estos los libros con los que al final hago cierta exploración personal y mi percepción del mundo cambia porque de alguna manera lograron desestabilizarme. Estoy segura de que si un libro es bueno puede provocar todo esto, además de soportar las relecturas, sin importar si es infantil, juvenil o de adultos”.
 
Hay que repetirlo: lo que sucede es que la buena LIJ, como los buenos libros para adultos, es literatura. A secas, sin calificativos. Son historias que abren interrogantes y que aportan belleza. Historias que nunca subestiman al lector y que muchas veces se encuentran en el sector infantil de las librerías por una cuestión de mercado, de intereses comerciales. Tal vez la única diferencia que tiene la LIJ con la llamada literatura para adultos es que la primera obvia ciertos temas (depende de la edad a la que está destinado el libro, por supuesto) que no son parte del universo infantil, como las relaciones sexuales, por ejemplo, aunque sí hay la sexualidad. O la violencia gratuita, aunque hay violencia y dolor y muerte en la LIJ.
 
Algunos agregarán que otra diferencia es el lenguaje claro o sencillo, pero eso no es cierto, hay profundidad en los buenos libros para chicos, de esa que deja pensando a los lectores adultos.
 
Con información de
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