Apenas unas semanas después de celebrar sus 92 años de vida, la mañana de este sábado murió la escritora zacatecana Amparo Dávila, considerada una de las autoras de literatura fantástica más importantes en las letras mexicanas, si bien durante algunas décadas sufrió una especie de olvido por parte del canon literario mexicano.
La noticia de su muerte fue confirmada por la Secretaría de Cultura en su cuenta de Twitter, donde lamentó “el fallecimiento de la escritora zacatecana Amparo Dávila, indudable protagonista de la literatura mexicana del siglo XX que destacó por su obra cuentística. Obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia 1977 y la Medalla Bellas Artes 2015”.
Durante estas más de nueve décadas de existencia, la poesía tuvo su espacio, incluso fue su primera expresión literaria con la aparición de los libros Salmos bajo la luna, Meditaciones a la orilla del sueño y Perfil de soledades, obras que, de distintas maneras, tienen su origen y escritura en su natal Pinos.
Pero sin duda, la Ciudad de México, con sus monstruos y fantasmas, terminó por definir una manera de entender a la literatura, con la aparición de Tiempo destrozado, Música concreta y Árboles petrificados, con el cual incluso ganó el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores.
“El mundo de Amparo Dávila es siempre uno y lo maravilloso es que ese sólo mundo es polifacético, diverso. Nace siempre de lo cotidiano, diría de lo modesto, de los sin nombre, pero que poco a poco, sin nerviosismo, sin intranquilidades va recorriendo un lento camino hacia lo insólito; es una ruta al erizamiento”, escribió Luis Mario Schneider en el número 81 de Material de Lectura.
En un país en el que la literatura escrita por mujeres ha tenido que enfrentar desafíos diferentes, la obra de Amparo Dávila debió superar esa realidad; hay quien dice que por ello se interesó en el género fantástico, como una forma de escribir y publicar, porque era considerado un género evasivo y lúdico, al que no se le prestaba mucha atención.
De acuerdo con Alejandra Amatto, investigadora, académica y doctora en Literatura Hispánica por El Colegio de México, Amparo Dávila “se enfrentó a dos contracorrientes en su juventud: su condición de mujer y su elección de escribir literatura fantástica, un género marginal en las letras mexicanas de esos años”.
Hay quien habla de literatura de terror como el sello que define a la literatura de Amparo Dávila, una convencida de que si bien hay textos técnicamente bien escritos pero que nacen muertos: no quedan en la memoria de quien los lee: “No creo en la literatura hecha solo a base de la inteligencia o la pura imaginación”, ha dicho en distintas ocasiones.
“Trato de lograr en mi obra un rigor estético basado no solamente en la perfección formal, en la técnica, en la palabra justa, sino en la vivencia. La sola percepción formal, no me interesa porque la forma no vive por sí misma; es, digamos, la sola justificación de la escritura”, destacó en distintos momentos Amparo Dávila.
Apenas el 23 de marzo pasado se había dado a conocer que la narradora sería reconocida con el Tercer Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura, otorgado por la Universidad de Guanajuato, “por el amplio prestigio como decana del cuento mexicano, pues toda relación de nombres de cuentistas clásicos en México incluye de modo obligado a Amparo Dávila. Indiscutiblemente su propuesta es una aportación al universo del género literario, al producir una obra imprescindible en la literatura mexicana y de indudables ecos en la cuentística fantástica en lengua española, dentro y fuera de México”, se enfatizó en su momento.
* Con información de Jesús Alejo Santiago / milenio.com
Amparo Dávila. Foto: @cultura_mx