No soy experto en gobernanza, y de hecho ahora, después de concluirse la creación del Reglamento para la buena gobernanza del Comité de libros de texto de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), que implicaron casi cuatro meses de trabajo intenso, reconozco que cuando comenzamos tampoco sabía realmente lo que significaba este término. Para redactar este reglamento se sumó una plétora de valiosas personas, un grupo multidisciplinar con diversas ideologías políticas y experiencias laborales y de vida, pero siempre dispuestos a debatir para comprender las posturas de los otros y encontrar la mejor solución a cada problema que se planteaba. Las sesiones siempre se desarrollaron con completa cordialidad y camaradería porque nos propusimos desde un inicio dar ejemplo precisamente de buena gobernanza. Contrariamente a lo que se pueda llegar a pensar cuando se discuten temas cuyas propuestas afectarán a todos, nunca se nos ocurrió que había algún propósito que no fuera tan sólo pensar en el bien común. Sólo nos ha guiado la idea de que podemos lograr fortalecer un comité para volverlo plenamente funcional y hacerlo más eficaz y comunicativo, guiados por la búsqueda del bien común de todos los editores agremiados.
Iniciamos creyendo que tendríamos que dinamizar el diálogo interno sin olvidar el compromiso moral que tenemos con los millones de niños y jóvenes estudiantes mexicanos, que son nuestro futuro como nación, y a la vez mejorar nuestra posición como editores de libros y textos educativos en estos momentos de gran cambio, tanto por el nuevo régimen, como por la reforma educativa para la Nueva Escuela Mexicana. Para lograrlo, también tuvimos presente siempre que estamos obligados a trabajar y fortalecer una relación con todas las autoridades educativas y culturales que nos permita entender sus necesidades para proponer soluciones viables; por ello debíamos diseñar procesos para volver más plural, rico y eficiente este diálogo también.
Intuía que la gobernanza era algo muy importante en las organizaciones porque con frecuencia se hace referencia a este concepto en la literatura sobre empresa, gobierno y organización. Precisamente se creó esta subcomisión por este ideal de orden, aunque nadie tuviera claro por dónde comenzar. Tampoco hay recetas, ni se imparte en las materias básicas en la carrera de Administración con la profundidad e importancia que le corresponde, o por lo menos a mí no me tocó vivirlo.
Entrando en materia para entender qué es, pensemos que la gobernanza es una cualidad que se genera de manera natural cuando se agrupan las personas, no importa que sean dos, como en cualquier matrimonio, millones como en un país o hasta el planeta entero (por ello es que es tan importante la función mediadora y reguladora que debe tener la ONU).
También tiene direccionalidad, es decir, que puede cambiar hacia una mala o buena dirección; algo así sucede como cuando pensamos en la salud, la actitud o la intención, por ejemplo. Además, siempre se puede ir a peor a pesar de que en muchas ocasiones pensemos que se ha tocado fondo, precisamente por esta naturaleza cualitativa. Pero nunca hay que perder la esperanza de producirse un giro para bien.
Nace con la humanidad misma, por lo menos seguro desde que como especie empezamos a caminar juntos y formar grupos para sobrevivir a los peligros de la sabana ancestral. Una de las representaciones más antiguas que recuerdo sobre gobernanza son los murales Alegoría del buen y mal gobierno(1) que los hermanos Lorenzzeti pintaron, en el Salón de los Nueve del ayuntamiento de Siena en 1338, una pequeña pero pujante ciudad estado en la península itálica. En el fresco del buen gobierno se muestra a los magistrados inspirados por la Virgen María, y la gente vive bien y se divierte en armonía en una ciudad en paz.
Por el contrario, en el fresco que representa al mal gobierno, se muestra a la tiranía como un ser oscuro con cuernos rodeado de energúmenos y acólitos corruptos, que han empobrecido la ciudad y los campos, y la gente se ve triste y enferma.
La dimensión más interesante de esta obra maestra del gótico tardío es lo que no es evidente como pintura, a pesar de lo explicito que es su mensaje para el espectador. Fue encargada por la sociedad civil y no trata algún tema religioso, como la mayoría de obras de la época. Su propósito era recordarle a los nueve magistrados que sesionaban en ese salón todo lo que estaba en juego con cada decisión que tomaran, porque todo lo que ponemos en marcha tiene consecuencias ya sea para bien o para mal (1.1).
Otra característica de la gobernanza es que todos estamos inmersos en ella, aunque no seamos conscientes de ello. Lo asumimos como algo dado que existe porque es así, invisible, monolítico y de alguna forma inefable. Es el pez que se pregunta qué es el mar, porque ha oído hablar de él, pero le cuesta imaginarlo. Seguimos las reglas o usos inconscientemente porque todo siempre se ha hecho así sin cuestionarse. Por esta razón es importante entender qué es y cómo nos influye, porque uno puede desentenderse de la gobernanza, pero la gobernanza nunca se desentenderá de uno. Y vale más que las reglas estén escritas a la posibilidad que sea sólo basada en la ideología y la inercia de los usos y costumbres, para evitar que sean sesgadas y modificadas dependiendo de quién las interprete.
Para explicar cómo funciona la gobernanza en las organizaciones, y dar un ejemplo de la necesidad de que sea reglamentaria, como menciono, quiero recordar un juego de mesa que seguro casi todos probamos de adolescentes: el Monopoly™. Para jugarlo básicamente había dos opciones; la primera, más explosiva y larga por lo regular, era que el más ventajista, normalmente el mayor del grupo, pudiera modificar a su favor las reglas mientras se jugaba. En mi experiencia, invariablemente era el camino para que acabara mal el juego. De hecho, recuerdo cuando mi abuela tiró el Monopoly™ a la basura al ver que terminábamos gritándonos y peleados; "esto les saca lo diablo", nos sancionó. Este es un ejemplo clarísimo de mala gobernanza porque nadie termina contento.
También a veces nos daba por seguir las reglas del juego al pie de la letra. Quizá no era tan catártico y emotivo su desarrollo, pero no se eternizaba. Las fichas, tablero y dinero no terminaban en el suelo, sino acomodaditos en su caja, para luego merendar en santa paz. Así es una buena gobernanza, aunque sea de juego. Si seguimos las reglas será la manera más eficiente de llegar a la meta en la que todos hayamos participado y, estaremos satisfechos con el resultado final.
La definición más sucinta de gobernanza que conozco es la que da la ONU: "es el proceso por el cual se toman las decisiones y la manera en que estas son implementadas", procurando tener en cuenta a todos los involucrados y afectados. Esto que parece tan sencillo tiene una importancia vital que, a decir verdad, fue sólo al trabajar en la Subcomisión de Gobernanza para el Comité de Libros de Texto que lo entendimos en su totalidad.
Para que puedan dimensionar la relevancia fundamental que implica cultivar una buena gobernanza, cito el informe de octubre pasado de la revista Expansión, decepcionante y nada optimista, sobre las perspectivas económicas de México: "Los especialistas [del Banco de México] consideran que, a nivel general, los principales factores que obstaculizan el crecimiento [de México] son la gobernanza (41%) y las condiciones económicas internas (27%)". (2) Es decir, más relevante que el dinero disponible y los buenos índices macroeconómicos para dinamizar la economía, es una buena gobernanza lo que urgentemente necesitamos para que se desarrolle el país.
Otro ejemplo reciente sobre la falta de gobernanza como elemento primordial para que reactive la inversión, son las declaraciones del 31 de octubre de Eduardo Osuna, director general del BBVA en México, sobre el análisis trimestral de la demanda interna y las perspectivas económicas para el país (3): "Si no hay un cambio en la tendencia de inversión, no va a haber crecimiento... debe haber claridad en las reglas del juego para los inversionistas privados locales y extranjeros".
La gobernanza tiene además dos características complemente humanas: la autodeterminación y la autoeficacia. Entiendo autodeterminación como es definida por Edward Deci y Richard Ryan, psicólogos que desarrollaron las teorías de motivación más reconocidas en la actualidad (3). La encuadran como parte de las necesidades psíquicas humanas básicas, y se fundamenta en la idea de que debemos tomar control sobre nuestro entorno a partir de las decisiones que tomamos, y las consecuencias de nuestros actos. Puesto de otra manera, es generar un sentido de seguridad intrínseco para saber que tenemos, aunque sea un poco, control sobre nuestras vidas, y también que podemos influir con nuestras acciones en nuestro entorno. Por el contrario, la inseguridad es la aflicción que se produce cuando nos vemos incapaces de tomar control para influir sobre nuestro entorno, y por ello nos causa tanto desasosiego y estrés. La gobernanza expresada en reglas claras nos permite llevar a la práctica nuestras competencias en un marco de certeza en el que todos podemos participar. Como la autodeterminación es siempre un fenómeno social que pasa por vincularnos con los demás, se produce un sentimiento de pertenencia, respeto mutuo y confianza unos a los otros. La autodeterminación es tan importante y esencial, que fue recogida como uno de los derechos humanos fundamentales en la declaración universal de la ONU en 1948, poco después de su fundación.
Por último, la autoeficacia es quizá el aspecto más peculiar y sutil de la buena gobernanza. Crea personas empoderadas en las organizaciones y sociedad, y por esta razón es que lo primero que el autoritarismo busca eliminar . Como lo explica Albert Bandura, autor de esta teoría, es la creencia individual, y por contagio también colectiva, de que podemos conseguir lo que nos proponemos. Puede parecer obvio, pero si estamos convencidos de nuestras posibilidades para lograr algo, estaremos más dispuestos por lo menos a intentarlo, primer paso que siempre hay que dar para alcanzar cualquier meta. Así, una buena gobernanza también contribuye a disipar el desinterés, apatía e indiferencia de todos.
A veces nos puede parece algo muy lejano y hasta inalcanzable hacer algo para que una mala situación cambie a la buena dirección. Pensamos que necesitamos situarnos en un puesto de mando para arreglar algo. Sin embargo, no somos conscientes del gran poder de influencia que podemos llegar a tener, primero en la Caniem y por extensión al resto del país, precisamente para apuntalar la educación en México y desarrollarnos como industria cultural.
Por todo lo que he expuesto, más que nunca tomemos consciencia de la imperiosa obligación de contar con buenas reglas de gobernanza en nuestro Comité de Libros de Texto para organizarnos mejor, y hacer confluir nuestro esfuerzo e inteligencia colectiva por el bien común. Pedimos a los niños y jóvenes de México en los textos escolares que publicamos, que aprendan a trabajar de manera colaborativa y cooperativa. Además, la primer práctica social que realizan nada más empezar su educación básica es el reglamento de la clase; sería una paradoja y escarnio a nuestro oficio si no estamos a la altura también de hacerlo como ellos se les exige, allí precisamente, donde nos toca trabajar y convivir entre colegas de este valioso oficio de editor.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Alegor%C3%ADa_del_Buen_y_del_Mal_Gobierno
 (1.1)Ferguson, Niall (2017). The Square and the Tower: Networks and Power, from the Freemasons to Facebook. Penguin Press. pp. 425–431. ISBN 978-0735222915.
(2) https://www.unescap.org/sites/default/files/good-governance.pdf
(3) https://expansion.mx/economia/2019/10/01/mexico-cerrara-2019-con-crecimi...
(4) https://www.eleconomista.com.mx/sectorfinanciero/Colocacion-de-credito-p...
(5) Ryan, R. M. &Deci, E. L. (Eds.), (2002). Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist,
 (6) Bandura, A (1977). «Self-efficacy: Toward a Unifying Theory of Behavioral Change». Psychological Review