Homenaje José Luis Martínez Academia Mexicana

Ensayista de la literatura mexicana e historiador prolífico del siglo XX, José Luis Martínez Rodríguez (Jalisco, 19 de enero de 1918–Ciudad de México, 20 de marzo de 2007) fue recordado por la Academia Mexicana de la Lengua con motivo del centenario de su nacimiento, en una sesión que se realizó el 24 de mayo en el Foro Polivalente Antonieta Rivas Mercado de la Biblioteca de México.

Los miembros académicos Felipe Garrido, Adolfo Castañón y Ascensión Hernández Triviño llevaron a cabo el homenaje en el que hablaron sobre la vocación por las letras que tuvo el también humanista, editor, crítico, promotor cultural y diplomático, quien ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua en 1960 y fue director de ésta de 1980 a 2002, además de ser miembro de número de la Academia Mexicana de Historia en 1993.

En el acto, presidido por Jaime Labastida y Vicente Quirarte, actual director y secretario de la Academia Mexicana de la Lengua, respectivamente, y en presencia de la viuda de Martínez Rodríguez, el escritor Felipe Garrido se refirió a la infancia del autor de Elegía por Melibea y otros poemas como decisiva para desarrollar el gusto por la lectura, mismo que compartió con Juan José Arreola mientras cursaban juntos la primaria, en Zapotlán, y consolidó en la secundaria con un nuevo amigo, Alí Chumacero.

Fue con Chumacero y con Jorge González Durán, dijo, que a principios de los años cuarenta de la centuria pasada Martínez Rodríguez se permeó de la literatura hispanoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; posteriormente, los tres amigos sumarían a Leopoldo Zea para fundar la revista Tierra Nueva, proyecto que contó con el seguimiento de Alfonso Reyes (con quien surgió una amistad), Enrique Díez-Canedo y Enrique González Martínez, y en el que llegó a colaborar Octavio Paz. 

Así como con sus primeros cuentos publicados en la revista Pan, en Guadalajara, Juan Rulfo y Juan José Arreola advertían tiempos nuevos para las letras mexicanas, “los anunciaba también en el terreno de la reflexión y del análisis aplicado a la literatura José Luis Martínez, que comienza a destacarse como el crítico más consciente, responsable y trascendente de su generación y otras varias”, consideró Garrido.
Agregó que, con 15 números publicados y 31 colaboraciones de crítica literaria, cuando dejó de existir Tierra Nueva, el Premio Nacional de Ciencias y Artes “ya veía la literatura como un esfuerzo colectivo y la labor del crítico como la de alguien que invita a la lectura y ayuda al lector para que forme su propio juicio. Había encontrado su vocación”.

Adolfo Castañón recordó que después de un proceso de selección dividido y un ingreso polémico a la Academia Mexicana de la Lengua, de 1958 a 1960 José Luis Martínez logró convertirse en el décimo cuarto director de la institución que procura la lengua castellana en el país, iniciándose entonces “el proceso de modernización que continuaría con José G. Moreno de Alba y ahora con Jaime Labastida”.
Señaló que, durante su gestión como cabeza de la Academia, se comenzó el proyecto de mexicanismos, apoyado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). En coedición con el Fondo de Cultura Económica, los frutos fueron el Índice de Mexicanismos (1997) y el Diccionario Breve de Mexicanismos (2001), obras preparadas por el académico Guido Gómez de Silva. También se continuó el tomo XXI de las Memorias de la Academia y se publicó la primera edición de Semblanzas, 316 notas biográficas y críticas de 146 académicos, escritas por los entonces miembros.

Además, añadió, “no sólo cuidó que se reeditaran los facsimilares de revistas de crítica literaria, sino que también se ocupó de que las obras mismas de ciertos escritores clave estuviesen disponibles y a la mano; tal fue el caso de Ramón López Velarde, Alfonso Reyes y Xavier Villaurrutia, entre otros”.

Castañón reconoció también su faceta como historiador, sobresaliendo la semblanza que hizo sobre Hernán Cortés, publicada en 1990. “El valor de esta obra sigue siendo vigente y no ha sido superada. Dentro de la historia de la literatura mexicana sólo habría un proyecto que podría compararse con el de Martínez, la biografía de Sor Juana publicada en 1982 por su amigo y compañero Octavio Paz. Ambas tienen en común la facultad de aproximarse de manera rigurosa y novedosa a figuras clave de la cultura nacional”, precisó.

La labor de José Luis Martínez Rodríguez como humanista de las culturas del mundo la expuso la lingüista y filóloga española Ascensión Hernández Triviño, quien reseñó los seis volúmenes de El mundo antiguo que en 1976 formuló el creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte (1994) por encargo de la Secretaría de Educación Pública, “de preparar una obra que contribuyera a la formación espiritual y cultural del hombre de nuestro tiempo”.

En palabras de la investigadora y catedrática, el también Embajador de México ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en París (1963-1964) y en Atenas (1971-1974) decidió realizar una introducción y selección de notas sobre Mesopotamia, Egipto, India, Grecia, hebreos y cristianos, Roma, China, Japón, Persia, Islam y América antigua (nahuas, mayas, quechuas y otras culturas), una apuesta ambiciosa en la cual escogió contar la historia con “belleza y humanismo”.

En la carrera política de Martínez Rodríguez destacan los cargos como diputado federal por el Octavo Distrito de Jalisco (1958-1961), director general del Instituto Nacional de Bellas Artes (1965-1970) y Director del Fondo de Cultura Económica (1977-1982).

Algunos de sus títulos como ensayista son El concepto de la muerte en la poesía española del siglo XV, La técnica en literatura. Introducción, Las letras patrias, de la época de la Independencia a nuestros días, La emancipación literaria de México, La expresión nacional. Letras mexicanas del siglo XIX, Problemas literarios, La literatura moderna de México, La obra de Agustín Yáñez, La luna, Unidad y diversidad de la literatura latinoamericana, Nezahualcóyotl. Vida y obra, entre otros.

* Con información de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México