Hasta la semana 10 de 2020, la primera de marzo, la industria editorial mexicana registraba un año positivo, con un ligero crecimiento de alrededor de 2.4 por ciento en la facturación y de 5.1 por ciento con respecto al año pasado. Comenzaron los cierres y parece ir en caída libre.
De acuerdo con datos de Nielsen BookScan, la principal compañía de medición de ventas de libros en el mundo, que registra las ventas de más de mil 700 puntos en México desde 2018, a partir del cierre de librerías hay una disminución de 200 mil unidades de libros vendidos a la semana.
David Peman, manager de Bookscan México, explica el escenario que experimentará el sector editorial en las próximas semanas, mientras no comience la reapertura. "Lo que llevamos acumulado del año, frente a las mismas ventas en el mismo periodo en 2019, han caído 11 por ciento".
De acuerdo con Roberto Banchik, director general de Penguin Random House México, los desafíos vienen en diferentes sentidos: se trata de un asunto editorial, de lectura, pero también empresarial, porque "el problema que tenemos todos ahora es de caja".
"Esto nos agarra sin apoyo del gobierno: los que tienen caja van a sobrevivir, podrán sobrellevar mejor la tormenta: a los que esto los agarró sin caja, no sé cómo van a pagar salarios. El mes crítico, para mí, va a ser septiembre: los libros que vendemos lo hacemos a crédito, les damos un plazo de 60 o 90 días para pagarnos las facturas y si hoy no facturo dentro de tres o cuatro meses no voy a tener nada que cobrar".
Banchik asegura que uno de los objetivos de Penguin es mantener el empleo de la gente: algunas empresas editoriales podrán hacerlo a corto plazo, a otras se les va a dificultar, pero "en tres o cuatro meses va a ser muy complicado".
En Sexto Piso, comparte Diego Rabasa, parte del equipo de editores del sello, la situación económica comienza a ser muy delicada: cuentan con 37 personas en la nómina de la editorial y la distribuidora, más seis personas en España, "que tienen una circunstancia mucho menos preocupante, porque allá se activaron apoyos y el Estado está asumiendo hasta 80 por ciento de los sueldos".
"Proyectos editoriales como el nuestro siempre tienen flujos de caja muy apretados y se vuelve casi imposible hacerle frente a esto sin ahorros. Estamos privilegiando los salarios de las personas, porque si alguien se queda sin trabajo no solo se vuelve crítico por la ausencia de oportunidades, sino también por la falta de seguridad social que esto les pueda traer".
Guillermo Quijas, director de Almadía y de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca, además de librero, coincidió en la necesidad de desarrollar acciones para proteger el empleo y la seguridad de los colaboradores, pero también en la importancia de imaginar proyectos muy claros para el futuro.
"Es importante que estemos preparados para cuando las cosas vuelvan a la normalidad y reactivarse de manera rápida: si esperamos a ver qué hacemos, cómo nos organizamos, qué compromisos hacemos entre editoriales y librerías, nos va a ganar y no nos va a alcanzar ni el tiempo ni los recursos".
Por el contrario, Emiliano Becerril, editor de Elefanta, advierte de las oportunidades que pueden generarse para las pequeñas editoriales en medio de esta crisis.
"Nosotros ya estábamos cerca de la consolidación y este momento ralentiza ese espíritu y esa emoción. En este momento nos hemos enfocado en reflexionar qué tipo de estrategias vamos a tener que tomar, al tiempo de entender cuál va a ser el desenlace económico de todo".
Un panorama complicado para festejar al libro en su día.
* Con información de Jesús Alejo Santiago / milenio.com